No sé por qué me
gustan los caballos. Me emocionan. Me fascinan. Cuando
los dibujo en el campo o en el cercado su respiración me
tranquiliza. Son muy observadores. Si me quedo quieto
dibujando se acercan y me huelen. También a veces he
sentido miedo.
Esta exposición es
el resumen de cuatro años de trabajo. Utilizo pintura
acrílica sobre papel o lienzo.
Una antigua leyenda
dice que si miramos fijamente el ojo de un caballo vemos
un pájaro volar.
Gracias a los
dueños de caballos que me han dejado pintarlos, sobre
todo a Wolf Braun, Alberto Llorens y a la familia Coves
Lloret.